La Nueva Guia“La verdad es una trampa: No puedes llegar a ella sin que llegue a ti. No puedes capturar la verdad, debes dejar que la verdad te capture” Søren Kierkegaard.

Intentar crear un modelo que vaya más allá de los “valores” es tarea complicada, principalmente debido que al buscar un nuevo estándar se vuelve -indirectamente- normalizante. Es decir, se regresa a donde se empezó. Sin embargo, desde mi trinchera personal, me atrevo a postular que la libertad -como concepto- debería ser el motivante de una nueva sociedad.

Libertad, igualdad y fraternidad. ¿No eran esos los “valores” que debía perseguir el hombre ilustrado? Más no vienen del mismo lugar estos tres “valores”. La igualdad y la fraternidad pueden ser trazados como una necesidad de una sociedad libre que ha sido construida sobre el concepto de la propiedad privada. De ahí que el liberalismo y el neo-liberalismo relacionen la libertad (casi exclusivamente) con el libre mercado. Es decir: Los valores que forman la sociedad contemporánea podrían reducirse a “Esto es mío y por eso tengo la libertad de hacer con ello lo que sea. Al igual que todos (los que tenemos algo).”

Pero eso es muy francés y en francés no sé ni contar. ¿Es global la noción de la propiedad privada? Podría decirse que sí, que se ha adoptado de forma global, más sus orígenes pueden trazarse a la sociedad occidental y no porque los orientales no creyeran en esta, sino por factores socio-culturales y religiosos en los que se cuestionan -mucho antes que el resto de nosotros- si ¿No será el apego a la posesión lo que nos hace sufrir?

En el mismo orden de ideas, en el que la estandarización y la normalización ha sido la constante, también me gustaría hablar de la educación y cómo al buscar un bien “común” al educar a la población en torno a “lo necesario para el país” termina invalidando y ocultando todo el conocimiento alterno, es decir, el que no es enseñado en las aulas. ¿No es también muy francés esto, muy de hombre ilustrado? La producción es primero y si la producción nacional requiere técnicos y no académicos ¿Debería sorprendernos la represión a estudiantes rurales? ¿Es en verdad inesperado lo que sucedió en Ayotzinapa?

“Lo acepto, esperar que destruyamos las ataduras sociales que nos tienen dentro de los estándares y expectativas es quizá confiar demasiado en la gente e incluso, podría sonar ingenuo.”

Es probable que esto sean restos de la dogmatización colonialista española, que al final acrecentó el sentir de un “ellos y nosotros” en pueblos que ya eran guerreros, que ya veían al otro y lo colocaban (violentamente) en la posición del extranjero. Del otro. Con esa otredad que transforma al sujeto en poco más que un objeto, en una cifra.

¿Qué tan distintos somos de los sudafricanos blancos y su- ya superado- apartheid? ¿Que no tenemos áreas exclusivas para indígenas? ¿O para citadinos?

Lo acepto, esperar que destruyamos las ataduras sociales que nos tienen dentro de los estándares y expectativas es quizá confiar demasiado en la gente e incluso, podría sonar ingenuo. Pero es que, como decía Simone de Beauvoir, “una mujer no nace, se hace” y esta construcción es igual para todas las personas. En algún momento creamos una etiqueta, con reglas implícitas de qué es ser hombre, mujer, niño, estudiante y mil nombres más que poco a poco nos alejan de lo que somos en el fondo: personas.

Sueño con un mundo en el que la libertad sea más que un concepto, sea una ejecución diaria. Un mundo en el que un niño pueda jugar con muñecas, un islámico usar su atuendo tradicional y una mujer pueda salir en minifalda, “un mundo en el que quepan todos los mundos” pero porque quieran caber. Que la existencia de la posibilidad de la decisión sea la ganancia misma.

¿No sería, de acuerdo con la definición de Zizek este un mundo libre de violencia? Creo, quizá de la misma forma que un católico cree en la virgen María, que la posibilidad de la felicidad recae en la capacidad de forjar tu propia historia y, por ende, tu propia vida. En alimentar esa, ilusión del control, que nos hace creer que podemos más de lo que en verdad somos capaces. Digo, es esa misma ilusión a la que apelan muchos publicistas y funciona.

Sueño con una libertad incluyente. Un individualismo que vea por la comunidad. Sueño con un mundo dispuesto a enfrentar su ansiedad. A dar el salto que lo vea envuelto en la verdad. Un mundo en donde todos tengan esa libertad.

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