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El fútbol y el alcohol.

 

 

 

 

A lo largo de la historia del fútbol, hemos sabido de muchos jugadores que se vuelven alcohólicos y a veces incluso esto afecta a su carrera, llegando en algunos casos a ponerle fin a sus sueños futbolísticos.

El alcoholismo es un problema social que ha aumentado en los últimos años y también cada vez va reduciendo la edad de las personas que lo padecen. Por esto mismo, no se puede pensar que el fútbol quede exento de esto.

No cabe duda que los jugadores terminan siendo un ejemplo para su afición y que cada club debe de cuidar la imagen del mismo y lo que los jugadores hacen, pues son ellos los portadores de la ideología que cada equipo quiere representar. El problema empieza cuando se define hasta que punto el club puede interferir en la vida del jugador y hasta que punto el jugador debe representar cierta imagen y en que momento puede hacer lo que él quiera.

La semana pasada se dio un caso que llamó mucho la atención. El jugador Carlos el “Gullit” Peña estuvo involucrado en un percance automovilístico donde se sabe que estaba en estado de ebriedad incompleta, de acuerdo al índice de alcohol que se presentó en el alcoholímetro. Fue detenido y procedió a dar su declaración, así como el pago del daño al otro carro. En su paso por Guadalajara se habló de los problemas que el beber le provocaron al jugador con el equipo e incluso se dijo que algunas veces fue separado por lo mismo, aunque el club lo negó.

Las opiniones en el medio futbolístico no se hicieron esperar e incluso algunos medios pidieron sanciones por parte de la liga para el jugador. Hasta el momento se sabe que no recibió sanción por parte de su equipo.

Dos días después el jugador de León anotó gol ante Necaxa y después de unos días dio declaraciones donde se quejó por que se hable más de su vida privada que de la futbolística.

Los jugadores son personas públicas que siempre estarán en el ojo del huracán, pero también es justo respetar su tiempo libre y lo que hagan en este. Desde mi punto de vista el punto perfecto del equilibrio, donde el club no invada la vida del jugador y el jugador no choque con la ideología que maneja su club, está en respetar los tiempos. Un jugador es un trabajador más y mientras no infrinja los reglamentos internos de su trabajo en horas laborales, no tiene por qué rendir más cuentas. Aunque sea una figura pública se debe de respetar lo que hace fuera de la cancha, fuera de su entrenamiento y también el jugador debe de entender que su vida privada no tiene que interferir con su vida laboral; pues el mayor problema ha sido que los jugadores por sus excesos en sus tiempos libres no dan el rendimiento que deben de tener. Cuando el jugador encuentra este punto de equilibrio no entra en una adicción y por consiguiente no perjudica su trabajo.

Todos los involucrados en el fútbol, debemos tomar lo que pasó con el Gullit con cautela, ya que no es el primer y tampoco será el último problema que pase por esto; tal vez su problema fue que salió a la luz pública, pero al final de cuentas las sanciones que genere o no genere el club sólo lo sabrán ellos; así que no hay que crear una tormenta en un vaso de agua. Mientras tanto el fútbol debe continuar.