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Todo lo que debes saber sobre BIRDMAN, o la inesperada virtud de la ignorancia

“El destino guía nuestra fortuna de una manera más favorable de lo que hubiéramos esperado”.

Don Quijote, de Miguel de Cervantes

En BIRDMAN O (LA INESPERADA VIRTUD DE LA IGNORANCIA), la comedia de humor negro de Alejandro G. Iñárritu, Riggan Thomson (Michael Keaton) espera que al encabezar una ambiciosa y nueva obra de Broadway, podrá, entre otras cosas, resucitar su moribunda carrera. De muchas formas, es una estrategia muy imprudente —pero el otrora superhéroe de cine tiene grandes esperanzas de que esta táctica creativa lo legitimará como artista y le probará a todos —incluido a sí mismo— que no sólo es un artista acabado de Hollywood.

Con el inminente día de estreno de la obra, el protagonista de la puesta en escena de Riggan sufre un extraño accidente durante los ensayos y necesita ser reemplazado de inmediato. Riggan, ante la sugerencia de la actriz protagónica Lesley (Naomi Watts) y la insistencia de su mejor amigo y productor Jake (Zach Galifianakis), contrata con reticencia a Mike Shiner (Edward Norton) —una bala perdida que, no obstante, garantiza la venta de boletos y que la obra obtenga críticas entusiastas. Conforme se prepara para su debut en escena, Riggan deberá lidiar con su novia y coestrella Laura (Andrea Riseborough), con su hija recién salida de rehabilitación y asistente personal Sam (Emma Stone), así como con su ex mujer Sylvia (Amy Ryan), quien se aparece de vez en cuando con la intención de estabilizar las cosas.

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Iñárritu señala que los elementos de la historia de Riggan hicieron eco en él, particularmente la naturaleza efímera del éxito y la cuestión de la relevancia. “Estaba interesado en explorar las luchas con el ego, la idea de que independientemente de cuán exitoso seas, ya sea con el dinero o fama, siempre es una ilusión. Es temporal. Cuando estás en búsqueda de las cosas que crees querer y le das el poder a la gente para validarte, y finalmente las obtienes, al poco tiempo esa felicidad se vuelve inestable”.

“Riggan es profundamente humano”, comenta Iñárritu. “Lo vi como una especie de Don Quijote, donde el humor proviene de la disparidad y dislocación permanente de sus ambiciones solemnes y la realidad innoble que lo rodea. Básicamente, es la historia de todos nosotros”.

“Me gustan los personajes con defectos, inseguros, impulsados por las dudas y las contradicciones…que se reduce a todo aquel que conozco. Las elecciones que Riggan ha tomado han sido pobres y ésta en particular le ha afectado a la gente a su alrededor. A lo largo de su vida, Riggan ha confundido el amor por la admiración. Y es hasta que se percata de la irrelevancia del segundo que tiene que comenzar a aprender de manera dolorosa cómo amarse y amar a los demás”.

Keaton dice de su personaje: “Yo simplemente vi a Riggan como una persona. Sin embargo, soy un actor —ese es un trabajo que requiere un tipo específico de personalidad. Ya está supeditado a un inseguridad extrema, al ego, todo eso. Y en este caso, aquí tienes a un tipo que se le han desbocado todos estos atributos, por decir lo menos”.

Para el ego torturado de Riggan la frontera entre la realidad y la ilusión es casi transparente —y en muchas ocasiones ni siquiera está ahí. La sombra de Birdman —un acompañante constante e irritante— nunca lo deja, le guste o no. “Emprende un viaje de validación. Así que es un viaje del ‘yo’, el viaje del ego. Y conforme lucha en contra de su mediocridad, su ego —fiel amigo y torturador— repite los patrones que a Riggan le gustaría dejar atrás, y lo enfrenta con sus múltiples limitaciones y posibilidades delirantes”.

Hay algo trágico, y algo divertido, y algo muy real, y también algo muy surrealista en todo ello”, explica Iñárritu.

“El súper ego de Riggan es Birdman, y desde la perspectiva de Birdman, Riggan ha perdido la cabeza al hacer esta obra que está claramente por debajo de ellos. Desde la perspectiva de Riggan, es Birdman quien ha perdido la cabeza. Desde la perspectiva de la época, ambas son irrelevantes”.

Al igual que todas las películas de Iñárritu, BIRDMAN O (LA INESPERADA VIRTUD DE LA IGNORANCIA) ofrece una mirada aguda de la existencia humana, vista a través de los personajes, encabezados por Riggan, pero camina sobre una cuerda floja tonal entre la comedia y la tragedia, la ilusión y la realidad, lo que permite múltiples interpretaciones.

“Siempre dije que después de cumplir cuarenta, cualquier cosa que no te asuste de verdad no vale la pena hacerla. Y esto me asustó de una buena manera. Era territorio nuevo y estaba definitivamente fuera de mi zona de confort”, comenta Iñárritu.

“Es una obra basada en personajes, un intenso drama de personajes con elementos cómicos. Es un nuevo tipo de película para Alejandro”, comenta el productor John Lesher. “Es muy talentoso en el terreno que tiene que ver con la condición humana”.

“Siempre debe ser acerca del proyecto, acerca de la película, acerca de la historia, acerca de la gente, acerca de que sea conmovedora y que realmente tenga un significado. Desde ese punto de vista no podría ser mejor”, comenta Keaton.

Si bien la película se centra en las vicisitudes de los actores, Iñárritu ve la misión que ellos tienen por la gratificación como un deseo universal. “La definición moderna del éxito —la gente quiere ser famosa de inmediato, no a través de una obra desarrollada a lo largo de los años. En un segundo la gente tiene 800,000 ‘likes’ o seguidores, y para algunos eso es un éxito en sí mismo —pero es ilusorio. La inmediatez de los medios sociales puede distorsionar de manera muy fácil la realidad de un personaje, especialmente Riggan, quien tiene que cumplir expectativas de lo que significa ser famoso. Y todo esto es nuevo para él; esa transición es compleja. Esta es la historia de un hombre que intenta probar que es más que ello, más que el ese tipo popular ‘agradable’. Pero en el mundo actual, donde la ironía es el rey, cualquiera que quiera ser sincero u honesto es crucificado. Es un mundo absurdo, surrealista”, explica Iñárritu. “Al final, sólo intenté describir de manera divertida la reconciliación de los desastres de nuestra naturaleza humana, si no con los defectos o fallas de nuestro mundo y nuestra naturaleza, sí con la forma en cómo lidiamos y vivimos con ellos”.

La obra que Riggan monta en el histórico teatro St. James está basada en un cuento de Raymond Carver, What We Talk About When We Talk About Love, y, desde luego, la búsqueda voluble del amor y la aceptación es una hebra que se entreteje a lo largo de BIRDMAN O (LA INESPERADA VIRTUD DE LA IGNORANCIA).

“Desde la adolescencia he sido un gran aficionado de Raymond Carver y esta historia es un clásico. La escogí para Birdman porque, en realidad, era una muy mala idea. Digo, siempre trato de pensar como el personaje, y para alguien como Riggan, quien no pertenece al teatro, montar una obra basada en un cuento de Raymond Carver es extremadamente retador y casi absurdo. Necesitaba que una obra se estuviese desarrollando y había esta increíble coincidencia con los temas que manejaba este cuento. Y con Riggan, quien busca ser amado e intenta descifrar de dónde proviene ese amor. Quería jugar con la idea de que Riggan estaba intentando proyectar algunos elementos de la obra a su propia vida neoyorquina. Y poco a poco se convierte en el personaje que está interpretando, ese tipo desesperado, que va a un cuarto de motel a pedir ser amado. Tuve la gran fortuna de que Tess Gallagher, su viuda, fue lo suficientemente generosa para confiar en mí y cederme los derechos de la historia para esto. Estoy muy agradecido”, explica Iñárritu.

ARMANDO EL REPARTO

 

BIRDMAN Reparto

El eje de BIRDMAN O (LA INESPERADA VIRTUD DE LA IGNORANCIA) es Michael Keaton, en el papel de Riggan Thomson. Keaton, quien ha interpretado una amplia variedad de papeles en todo tipo de géneros, interpretó de manera célebre dos influyentes películas de BATMAN, de Tim Burton, filmes con los que realmente dio inicio el género de superhéroes basados en historietas, y que servirían para compensar en taquilla las películas que provocaron pérdidas del estudio. Al igual que Riggan, no continuó con la franquicia y otros asumieron el papel del Caballero de la Noche en películas subsecuentes.

“Michael es un actor muy talentoso e impresionante, quien domina el arte del drama y la comedia como nadie a quien haya visto o con quien haya trabajado antes. Al mismo tiempo, es uno de pocos que verdaderamente han utilizado esa capa —de hecho, me parece que fue una de las primeras estrellas de cine mundiales en su papel de superhéroe, y resucitó uno de los más grandes iconos del cine, Batman. Es el abuelo de ese apabullante mundo de franquicias de cómics en el que ahora estamos viviendo, así que resultó ser la elección perfecta. Cuando aceptó, supe entonces que la película iba a ser exactamente lo que quería porque Michael no sólo iba a reflejar y proyectar una realidad mucho más intensa, debido a su historial y autoridad, sino también por la increíble intensidad de su talento”, indica Iñárritu.

También señala que el compromiso categórico de Keaton para representar las flaquezas y triunfos de Riggan sin juicios fue fundamental para el papel.

BIRDMAN Foto

“Michael lo interpretó con una veracidad y honestidad absolutas. Debido a la forma en la que rodé, le pedimos no sólo una precisión física absoluta en cuanto a tiempo y ritmo, sino también una extraordinaria habilidad para transitar dentro de diferentes territorios sin un grano de ironía. Fue a lugares muy profundos. No sé cómo lo hizo, pero fue maravilloso observarlo”, comenta Iñárritu”.

En el lapso entre esas tomas, un caleidoscopio de emociones se representaron; entusiasmo, dudas, arrepentimiento, ambición, ira, amabilidad, esperanzas y miedos de Riggan están todos en plena exhibición cinética, sin dejar de mencionar que es visitado por Birdman, un impresionante producto de su imaginación.

La visión de Keaton va absolutamente de la mano con la que Iñárritu tiene del personaje. Comenta, “Me parece que el corazón del personaje son sus contradicciones. Se siente como un cometa un momento y, dos segundos después, completamente descorazonado. Y todas esas sensaciones y más podían suceder dentro del marco de una escena. Nunca había estado en una película u obra donde en uno o dos minutos fuera de algo hilarante, a algo realmente perverso, y de regreso a hilarante, y después muy triste, y finalmente un poco desenfrenado, en un periodo tan breve de tiempo. Las contradicciones hacen que todo sea espléndido”.

“En cuanto a los paralelismos, nunca me había sentido menos relacionado a un personaje que a Riggan, pero lo entendí en muchos niveles porque era muy visceral y auténtico, y conmovedoramente humano”, comenta Keaton.

Birdman

“Sabes, me parece que elegir el reparto es una de las más grandes decisiones como director. He intentado darles el papel a actores que no fueran a hacer caricaturas de esos personajes, sino que entendieran su humanidad y les dieran profundidad incluso cuando las circunstancias son absurdas. Sabía que todo nuestro reparto consistía de grandes actores, pero también sabía que tenían un juicio impecable y fueron realmente capaces de estar en el momento y de comprometerse con la narrativa del filme”, comenta Iñárritu.

Naomi Watts, quien interpreta a Lesley, una actriz que hace su debut en Broadway en la obra de Riggan, tiene una relación agradable con Iñárritu, después de haber trabajado previamente con él en 21 GRAMOS. Dice que debido a la precisión de su propuesta visual con el material, “…fue la cosa más difícil que he tenido que hacer porque es un plano secuencia, escenas continuas, varios actores, de cuarto a cuarto, y 15 páginas de diálogo. No puedes equivocarte. Por lo general, ruedas desde diferentes ángulos para cubrirte, y tienes la oportunidad de repetir los diálogos si no te gustó la manera en como los dijiste. Tienes mucha libertad para salvarte o mejorar. No en este caso. Debido a la forma en la que lo rodó, todo mundo aparece en todo momento. Y no sólo los actores, por cierto. Había mucha gente parada junto a nosotros al borde del precipicio —utileros, dobles de riesgo y especialmente el equipo de cámara. Era como una carrera de relevos y no quieres quedar mal con nadie porque podrían estar haciendo su mejor trabajo. Nunca dejas de estar consciente de todo el equipo”, comenta Watts.

No obstante, a Watts la experiencia le pareció emocionante.

“Fue como una clase magistral. Si bien fue extenuante, fue un gran reto y estaba fascinada con experimentar algo nuevo. Fue mucho más difícil para Alejandro. Hubo un par de ocasiones en las que estábamos a una hora de terminar de rodar y todavía no conseguía la toma, y de repente entramos en una zona en la que todos entramos en sincronía. Tenía que funcionar ese día porque no podía cortar en ella o editarla más tarde, sino hasta el final de la toma; si le gustaba lo que estaba viendo, se escuchaba este vitoreo masivo. Todos queríamos complacerlo. Era como correr una carrera en las Olimpiadas”, comenta Watts.

Para su personaje de Lesley, la oportunidad de aparecer en Broadway es también equiparable a ir a los Juegos Olímpicos y sirve para delatar todo lo que hace. Su determinación provoca que le den un papel al chico malo por excelencia de la actuación, Mike Shiner, interpretado por Edward Norton.

“Actuar en Broadway es su sueño desde la infancia y finalmente ha llegado. Está tan enfocada en conseguirlo; no quiere que nada se interponga en su camino. Lo que me encantó de ello es que los actores pueden ser gente muy compleja, a los que absolutamente vale la pena burlarse de ellos en ocasiones. Lesley, en particular, está desesperada por obtener su gran oportunidad en Broadway. Así que cuando pierden a uno de sus actores justo antes de las reseñas, está preocupada que todo se venga abajo. Así que, incluso para su propio riesgo, pone en la mesa el nombre de su novio, quien sabe que traerá problemas, pero como sea lo hace”, comenta Watts.

Norton, conocido por su trabajo tanto en escena como en el cine, estaba impresionado por la manera tan precisa en la que BIRDMAN O (LA INESPERADA VIRTUD DE LA IGNORANCIA) capturó el mundo teatral de Nueva York.

“Cuando leí el guión, no dejaba de preguntarme cómo Alejandro y sus compañeros escritores se adentraron tanto en algunos de los matices más hilarantes y conmovedores no sólo de las vidas de los actores, sino específicamente de la experiencias y vicisitudes de los actores de teatro en Nueva York. Después de haber crecido en el mundo teatral neoyorquino a principios de mi carrera y al estar todavía involucrado en él, estaba impresionado de cuán exacto era el guión”, comenta Norton.

Norton admite que este mundo ofrece una oportunidad deliciosa de investigar y ocasionalmente arponear las “idiosincrasias” de la gente del teatro, y Mike Shiner es un espécimen divertido.

“Me parece que cualquier ocasión en la que profundizas en la vida de los actores, obtienes de manera inevitable una mezcla de talento genuino y una pasión real por la narrativa —y además también eres narcisista, tienes ego, amor propio; todo eso. Lo que me llamó la atención de Shiner es que es, por paradójico que parezca, un canalla con un ego enorme, además de ser tremendamente banal, avaricioso y un poco taimado, pero que también es muy talentoso; sabe de lo que habla, está comprometido con su profesión, trabaja de manera ardua y es muy sensible. A través de sus velos de protección, es capaz de percibir la esencia de la gente. Me parece que la relación que tiene con Riggan es similar a la que sería con la audiencia”, comenta Norton.

Norton añade que si bien BIRDMAN O (LA INESPERADA VIRTUD DE LA IGNORANCIA) es específica para los actores, fueron los temas universales del proyecto lo que lo intrigó. “Alejandro me dijo al principio que no quería que esto sólo se tratara de actores o incluso de artistas per se. Quería que fuera algo con lo que todo mundo se pudiera sentir identificado. Me parece que en realidad estaba interesado en la idea de esos momentos en la vida cuando sientes que te has alejado en gran medida de la honorable idea que tenías de ti mismo en algún momento más prematuro de tu vida. Alejandro tiene una visión conmovedora. Puede ser un momento profundamente existencial y aterrador cuando alcanzas cierta edad y comienzas a pensar en tu propia mortalidad y debes enfrentarte a la idea de ser menos de lo que alguna vez imaginaste que ibas a ser. Me parece que la historia depende de cómo Riggan hace un intento por recuperar un sentido de sí mismo del cual pueda estar orgulloso —simplemente sucede que es un actor. Cómo lo hace, para mí, es conmovedor y con frecuencia hilarante, debido a los alcances a los que está dispuesto a llegar para conseguirlo”, explica Norton.

Algunas de las dinámicas entre Riggan y su compañía de actores, Norton añade, son también arquetípicas. “Mi personaje es el tipo más joven que amenaza a Riggan, que lo hace sentir inseguro; la tensión generacional entre el joven progresista y el tipo que lucha por conservar su relevancia y el sentido de su propia fuerza. Hay amoríos, cuestiones con niños y una ex esposa, cosas con las que cualquiera se puede sentir identificado”, comenta Norton.

Quien intenta hacer que todo marche bien es Jake, productor de la obra y mejor amigo de Riggan, interpretado por Zach Galifianakis. Su trabajo, por donde se le viera, iba a ser difícil y desafiante. De todos los personajes, Jake es quizás el más sano —que fue un cambio bienvenido para Galifianakis, quien ciertamente sabe moverse por los terrenos de la locura.

“Ya era un gran aficionado de las películas de Alejandro. Me agradaba incluso antes de haberlo conocido y cuando nos sentamos a tomar un café me dijo que quería que interpretara algo un poco más real y sutil, en lugar de una caricatura, que para mí fue algo refrescante de intentar”, comenta Galifianakis.

Opina todavía más acerca de su personaje: “Riggan y Jake han estado trabajando juntos durante mucho tiempo. Me parece que en el pasado tuvieron unos días buenos, cuando Riggan estaba en su mejor momento. Y ahora están tratando de ver cuál será su siguiente película, lo que significa ir a Broadway a que legitimen sus carreras un poco. Jake es hasta cierto punto un personaje arquetípico para mí. Es un poco impulsivo y pierde los estribos en ocasiones, que también es divertido interpretar”, comenta Galifianakis.

Emma Stone interpreta a Sam, la hija de Riggan, recién salida de rehabilitación y que trabaja como asistente de su padre. Su relación es tirante —la otrora fama como el superhéroe Birdman significó que estuvo ausente gran parte de su adolescencia. Contratarla como su asistente no ayuda mucho para mejorar su situación. Sam tiene una mirada aguda y observa a su padre y la teatralidad que trae consigo la obra con una ecuanimidad irónica, pero también lo hace un poco como mecanismo de defensa.

Dice: “Debido a que está recién salida de la rehabilitación asume que necesita ser cuidada por un miembro de la familia. Así que comete el gran error de trabajar con él. No ayuda que él no puede conectarse con ella al principio y la tiene haciendo mandados insignificantes. Así que no comienza bien la relación laboral, pero para el final comienza a ver que son muy similares. Sam es uno de los pocos personajes en la película que no es actor, que no participa en la obra. Eso fue muy agradable de interpretar, ya que está afuera y es testigo de todo lo que está sucediendo sin estar en medio del tornado que se está dando en escena con toda esta gente loca”, indica Stone.

Y aunque Riggan está concentrado en levantar esta obra y convertirla en su apuesta por la relevancia artística, su hija tiene una definición/medida completamente diferente y moderna de lo que realmente importa.

“Nos topamos con Riggan en un punto decisivo de su vida, cuando se encuentra en medio de montar un regreso en su carrera, impulsado en gran medida por su deseo de ser relevante. Mi personaje Sam le enseña mucho de los medios sociales y de la nueva naturaleza de la fama, que es algo que ha decidido ignorar de manera obstinada. La manera en la que ahora uno accede a los actores es muy diferente que cuando Riggan apareció como Birdman, 20 o 30 años atrás. Quiere significar algo, pero también quiere ser admirado y respetado como artista. Ahora, también está este tipo de competencia que tiene con los demás por mantener el estatus quo, por ser mejor; este deseo por tener una gran popularidad —y me parece que todos pueden entender eso y sentirse identificados”, expone Stone.

Afortunadamente, tuvo un guía comprensivo en Iñárritu. “Aprendí mucho. Fue muy emocionante vivir y respirar el personaje durante todo el transcurso de la escena. Y Alejandro está tan en sincronía con los actores, que sabe qué está pasando en tu cabeza diálogo tras diálogo, en algunas ocasiones mejor que tú. Un día en el que sabía que las cosas no me estaban funcionando, de repente sentí cómo me venía a mí, y conforme pasaba, aplaudió y dijo, ‘¡ASÍ es!’ Es sorprendente. Nunca he conocido a un director que pueda hacer eso; siente lo que haces”, explica Stone.

Amy Ryan interpreta a Sylvia, madre de Sam y ex esposa de Riggan, quien pasa por el teatro ocasionalmente para ver cómo están los dos. “Sylvia es la única voz normal, sana, sólida en sus vidas, me parece. Es la voz de la razón y representa el amor verdadero, mientras que los demás confunden la adoración por el amor para medir su autoestima”, comenta Ryan.

A diferencia de mucha gente que está en y ha sido parte de la vida de Riggan, Sylvia no es una facilitadora, sino, como indica Ryan, una porrista. Y Riggan no hace que ese trabajo sea fácil. “Me parece que la cosa más intimidante con respecto a ser una porrista de alguien es cuando no te escucha. Que es lo que sucede entre Riggan y Sylvia —él sigue poniendo trabas en su camino y no puede ver la verdad o belleza que ella ve. Incluso después de su divorcio, ella intenta apoyarlo y es extenuante”, comenta Ryan.

Al igual que el resto del reparto, Ryan tuvo que acostumbrarse a una estética visual muy específica. Literalmente tuvo que orientarse y quedó muy agradecida por haber sido un esfuerzo en equipo. “Los extensos ensayos fueron de gran ayuda. Fue maravilloso tener a todos ahí y muy raro trabajar en un filme en el que estás con toda la compañía. Todos estuvimos juntos en el rodaje”, comenta.

En el papel de Laura, una de las actrices en la obra de Riggan, Andrea Riseborough interpreta a su amante. La aparente ambivalencia de Riggan desata todo tipo de reacciones en Laura, pero, a diferencia de Riggan, ella de verdad desea forjar un amor adulto genuino, y no caer en la mera adulación. Riseborough llegó a conocer a Laura de manera íntima durante los complejos ensayos que montó Iñárritu, un proceso que continuó a lo largo de la producción. Si bien los aspectos técnicos de la cinematografía fueron muy importantes para la actuación, Iñárritu le prestó una igual y meticulosa atención a los matices de los personajes y las líneas narrativas.

“Alejandro tiene un calibre de temperatura para cada momento; hizo que todos los segmentos fueran reales. Una de las cosas más fascinantes de trabajar con él fue que incluso antes de haber empezado a rodar, durante los ensayos, se aseguró que yo siempre tuviera una sensación de quién era esta persona. Sentí que conocía a Laura de manera innata. Y durante la producción cada día descubrí más de ella a través de él. Desdobla un personaje para ti diciéndote muy poco, lo que te permite también encontrarlo. En ocasiones, eso para mí fue una experiencia sorprendente y totalmente única”, comenta Riseborough.

EN SINTONÍA CON LA CÁMARA

 

Producción Birdman

Mucho tiempo antes de que la película fuera rodada, fue concebida, escrita y predestinada a que fuera una experiencia de vida continua. “Desde la primera página del guión supe que quería que estuviera viva, y hacer que la audiencia experimentara un punto de vista real del personaje principal de una manera radical. Esto trajo consigo una propuesta completamente nueva para mí y para todo aquel involucrado, así que el reto comenzó desde el guión y hasta las últimas tomas en la postproducción”, relata Iñárritu.

La naturaleza prolongada, intuitivita y continua de estas tomas, conseguidas a través del Steadicam y cámaras en mano, significó que la iluminación no fue hecha con el tradicional equipo de cine. La puesta en escena y los diálogos fueron cronometrados de manera precisa con el movimiento de cámara. Por ello, fue menos como un set cinematográfico y más como el teatro donde gran parte de la película se lleva a cabo.

“Primero hicimos la puesta en escena, ensayamos y diseñamos las tomas en un set vacío con actores sustitutos. En la comedia, el ritmo es el rey. Así que a lo largo del proceso no sólo encontré el ritmo interno de las escenas, sino que también los sets y espacios fueron diseñados con una enorme precisión después de haber aprendido todos de ello”, explica Iñárritu.

“Chivo (también conocido como Emmanuel Lubezki) fue el mejor compañero que pude haber tenido. No sólo es un genio de la iluminación, pero, además, creo que muy pocos directores de fotografía hubieran podido ser capaces de lidiar con los requisitos técnicos de esta película. No pudimos iluminar a los actores de manera tradicional —cuando haces la cobertura convencional, iluminas cada ángulo y tienes el tiempo para hacerlo. Se requirió de una increíble habilidad y experiencia para conseguir iluminar de esta manera sin comprometer el diseño visual del filme, y me parece que sólo Chivo lo pudo haber hecho”, comenta Iñárritu.

Debido a que el trabajo de cámara era muy específico, Iñárritu insistió en ensayos inclusivos con todos los actores. “De verdad tenían que entender lo que estaba haciendo —cada movimiento, cada paso, cada volteada de cabeza se decidió previamente y coreografiado de manera meticulosa. Nada fue improvisado; fue un estudio en ritmo, con la precisión de un reloj”, explica Iñárritu.

“Cada día se rodaba como una escena. Ruedas en continuidad. Por lo general, haces cinco tomas aquí, otras doce allá, haces tus primeros planos; tienes muchas opciones para armar una actuación. Aquí no hay nada de eso. No tienes una red de seguridad. Sólo tienes una oportunidad. Y todo tenía que funcionar en ese momento y cada actor tenía que hacerlo bien”, comenta Keaton.

“Tenía una foto de Philippe Petit en mi oficina y le mandé una copia de ella a todos los actores. Quería que recordaran que todos íbamos a estar caminando sobre una cuerda floja —a merced de la precisión, confianza y fe entre nosotros. Podíamos caer muy fácilmente”, explica Iñárritu.

Si bien los aspectos técnicos de estos ensayos eran obviamente importantes, de igual relevancia fue el tiempo que pasaron en la profundización de los personajes. “Pasamos por un proceso muy profundo e interesante para observar todas las escenas con detenimiento, el significado y objetivo del material, lo macro y micro de todos los personajes, los objetivos y motivaciones, así como las repercusiones de sus emociones y actos”, explica Iñárritu.

Norton apreció la propuesta de la toma continua para rodar BIRDMAN O (LA INESPERADA VIRTUD DE LA IGNORANCIA) e indica que no solamente enfatiza los vínculos en ocasiones raros, perversos y amorosos entre los personajes, sino que también es el paso lógico siguiente en el canon cinematográfico de Iñárritu. De manera apropiada, en una película acerca de una obra, Norton también indica que eso también le ofreció una teatralidad a la producción.

“Alejandro estaba intentando hacer algo increíblemente emocionante, que era crear un interconexión literal a través de la toma. Para mí, la noción de rodar esencialmente en una toma fue una variación de un tema que Alejando siempre ha buscado, que es cómo crear una experiencia salvaje de momentos interconectados. Por ejemplo, con BABEL tienes mundos distintos que a final de cuentas se interconectan por tramas. En ésta, tienes relaciones y acontecimientos interrelacionados por esta transición visual continua que te lleva de un momento al siguiente, al siguiente, al siguiente, al siguiente, y me encantó. Pone la batuta en la mano del actor de una manera que en realidad sólo lo puedes hacer en el teatro. Y hay algo realmente poderoso al respecto. Me parece que de manera inconsciente también genera algo en la energía de la actuación. Alejandro lo comparó como estar en una cuerda floja sin una red abajo. Hace que estés alerta de una manera que es diferente a los típicas tomas de las películas”, añade Norton.

Las tomas ininterrumpidas de Iñárritu también fueron una experiencia tirante para Stone. “Hicimos esta escena donde tenía uno o dos diálogos, pero era muy importante porque formaba parte de una secuencia muy larga entre Michael y Edward. Mi trabajo era llegar y decir algo como ‘Larry está listo para su prueba de vestuario’ y después llevar a Edward a la vuelta de la esquina. Eso era todo lo que tenía que hacer, pero Alejandro me dijo que tenía que hacerlo un 30% más lento o no iba a poder ser capaz de hacer que la escena funcionara. Dije, ‘¡Dios mío! No puedo fallar’. Para la toma 25, estaba sentada tras bambalinas y no podía siquiera decir bien mi diálogo. La presión era inmensa. Era como el teatro; cada encuadre está sobre ti. Era como ir a un gimnasio de actuación. Todo es extremadamente técnico, pero también necesitas estar presente y alerta porque cada momento en el que estás frente a cámara estará en el filme; no van a cortar a otra cosa. No hay cosas como, ‘oh, fallé en eso, pero pueden usar una toma distinta’”, señala Stone.

Galifianakis denomina al estilo visual de Iñárritu una “narrativa continua” y también lo ve como una vigorizante y apropiada prueba de actuación en una película acerca de actores. “Me parece que es una manera muy interesante de contar una historia, con el movimiento de la cámara en tiempo real. Hay una geografía y ritmo auténticos, en cuanto a llegar a tus marcas, decir tus diálogos. No me creí capaz de hacerlo, pero Alejandro fue muy relajado y agradable. Todo me pareció muy intrigante —una película acerca de un actor termina siendo una genuina obra de actores, para todos nosotros”, declara Galifianakis.

MONTAR EL ESCENARIO

 

BIRDMAN Edificios

BIRDMAN O (LA INESPERADA VIRTUD DE LA IGNORANCIA) fue rodada durante treinta días en la ciudad de Nueva York. Es la primera película de Iñárritu en Gotham y los realizadores nunca consideraron otras ciudades como sustitutas.

“La ciudad y Broadway son personajes por sí mismos en el filme. Para hacer que la película se sintiera lo más auténtica posible, qué mejor lugar que Nueva York. Lo maravilloso es que en Nueva York hay un grupo de artistas, técnicos y actores muy talentosos; justo el balance correcto de gente de teatro y cine que Alejandro quería”, comenta el productor John Lesher.

Los realizadores también eligieron rodarla mayormente en el orden en el que la historia se desenvuelve, inusual para cualquier producción, pero especialmente ambicioso para una película fotografiada de una manera tan específica, con un horario de rodaje tan breve. “La continuidad era esencial para el proceso de Alejandro, así como explorar el recorrido interno de Riggan; apoyaba el filme. Todos los días, Michael hizo el trabajo duro y de manera competente al establecer el tono y marcar el ritmo de la transformación de su personaje —fue verdaderamente impresionante”, comenta el productor Jim Skotchdopole.

La producción rodó gran parte del filme en un teatro real de Broadway, el St. James en la Calle 44, en el corazón de Times Square. El St. James tiene un gran renombre. Construido en el sitio del original restaurante Sardi, se inauguró en 1927 y muchas producciones notables se han estrenado ahí, incluyendo “Native Son”, “Oklahoma”, “The King and I”, “The Pajama Game”, “Beckett” y más recientemente, “Gypsy”, “American Idiot”, “Hair” y “Bullets Over Broadway”.

“No hay precedente alguno de que una producción haya llegado a un teatro activo de Broadway y rodara escenas en su interior durante tanto tiempo como lo hicimos. Pero el teatro era el ancla de todo lo que pasa en la película”, dice el gerente de locaciones Joaquin Prange. “Ese fue el reto más grande, encontrar el teatro adecuado que pudiera adaptarse a nuestro horario. Los reducimos hasta llegar a aproximadamente seis y Alejandro —y todos— reaccionamos ante la historia, apariencia y vibra del St, James. Además de ser majestuoso, tiene mucha personalidad, con un aspecto descuidado, por lo que me parece que se adapta a lo que le está pasando a Riggan. Este es un teatro que no es en realidad el escenario donde se llevan a cabo los estrenos de Broadway; está en una calle transversal, y no en Broadway. Y si bien hay espectáculos exitosos a su alrededor, este es un teatro que ha tenido mucha rotación y sientes que es un lugar donde la obra realmente se podría llevar a cabo”.

“El mundo de Broadway tiene un horario, ensayan cada día de 8am a medianoche —mientras que nuestra hoja de llamado dependía de lo que teníamos que rodar y en donde acabábamos el día anterior. Así que pequeñas cosas como ésas desorientaban a los chicos del teatro, pero nos siguieron la corriente y fueron maravillosos. Fue un auténtico proceso de aprendizaje para todos nosotros”, comenta Prange.

BIRDMAN O (LA INESPERADA VIRTUD DE LA IGNORANCIA) desde luego utilizó el escenario del St. James, donde, en algún punto, los actores interpretaron en directo la escena final de la obra “What We Talk About When We Talk About Love” frente a una audiencia de extras. La recepción y exterior del teatro también fueron espacios que se utilizaron en el filme.

“Sé que era importante para Alejandro capturar el espíritu de Times Square y de Broadway; la actividad en la calle, la gente, las luces, el tráfico, justo la densidad de todo, y ciertamente la Calle 44 es maravillosa porque está justo en el precipicio de Times Square. Sentimos esa energía a tan sólo una cuadra”, explica Prange.

Al diseñador de producción Kevin Thompson se le encargó la tarea de acoplar el St. James con un set recreado de los bastidores y camerinos que su equipo construyó en los Estudios Kaufman Astoria. “Mi primera conversación con Alejandro fue acerca del mundo físico del teatro en escena y tras ella. Estaba muy interesado en que los dos emergieran y se sobrepusieran. Me pareció increíblemente retador que estos dos mundos se encontraran. Y la idea de rodar en un teatro real de Broadway, diseñar los sets para la película y para la obra, además de las camerinos y laberintos de pasillos, fue realmente intrigante”, explica Thompson.

Esos ensayos se convirtieron en anteproyectos y finalmente mutaron a lo largo de la producción, no sólo para determinar los movimientos de cámara, sino también para reflejar la condición mental de Riggan. “Las notas que surgieron de los ensayos definieron el tamaño y forma reales del set. Como cuando bajábamos las escaleras, cuando subíamos las escaleras, cuando tomábamos una larga caminata por un pasillo, cuando nos deteníamos, dónde ellos tenían que detenerse; todo tenía que ser una especie de periodo de transición y los sets tenían que adaptarse a todo ello. Los ensayos determinaron el largo de los pasillos entre los camerinos, por ejemplo, cuán lejos está el camerino de Michael Keaton de la entrada al escenario. Debía de tener cierta longitud y tenía que girar varias veces para que pudiéramos cambiar la configuración de los bastidores y adaptarlo a las escenas, de tal forma que pareciera como si se hubiera hecho sin cortes o edición. Y, después, el pasillo que lleva al camerino de Michael Keaton se encogería conforme avanzara la película —lo hicimos más estrecho y bajamos el techo— para que reflejara más el estado mental en el que se encontraba. El set también se hizo para que pudiéramos volar una pequeña sección aquí y allá, y hacer que el trabajo de cámara fuera posible. Chivo podía de repente recargarse en una pared o hacer que una parte desapareciera, que no lo puedes conseguir en una locación real”, comenta Thompson.

Thompson también discute la iluminación y paleta de color de la película. “A Alejandro le gusta introducir el color de una manera conservadora y controlada. La manera en la que se logró en mi departamento fue a través de la iluminación de Chivo. Utilizamos elementos fijos a todo lo largo porque teníamos que ser capaces de mover la cámara libremente sin que las lámparas aparecieran o se interpusieran en el camino de la toma. Así que obteníamos muchas temperaturas de luz distintas, desde una de tungsteno frío a una incandescente más cálida. Estaba iluminado para cine, no teatro —las producciones de Broadway tienen una versión más intensificada de luces azules y rojas, pero las nuestras eran más como colores fríos y cálidos que chocaban entre ellos y que se sobreponían unos a otros. Chivo iluminó el escenario de una manera tan singular, con un gran LED en el techo, y pudo ser capaz de cambiar el color y mover la luz alrededor, mientras rodábamos”, apunta Thompson.

El diseñador de vestuario Albert Wolsky, con quien Thompson colaboró de manera estrecha, tiene una vasta experiencia tanto en cine como en teatro. Ha ganado dos Oscares® a Mejor Diseño de Vestuario (“Bugsy” y “All That Jazz”), además de haber sido nominado cinco veces, y haber obtenido una nominación al Premio Tony® por su trabajo en la producción “The Heiress”, en el 2013. A lo largo de su carrera, se ha movido fácilmente entre el teatro y el cine. El estira y afloja de Broadway y Hollywood es un tema subyacente en la película y se manifiesta en el guardarropa de Wolsky; debido a sus antecedentes, nadie entiende esa tensión mejor que Wolsky. Esa alianza incómoda se desarrolló mayormente en el vestuario “tras bambalinas” de los personajes. Wolsky apunta: “Para los ensayos tras bambalinas, estaba intentando capturar un cierto tipo de informalidad. Nadie se emperifolla, y también existía la sensación de que este estilo informal, relajado, venía de California. En mi mente, siempre estaba balanceando el teatro y Hollywood. La diferencia es sutil entre la versión informal de Nueva York y aquella de California, pero ahí está”.

Wolsky, desde luego, tenía que diseñar el vestuario que los personajes usan en la obra real, que también fue un acto de malabarismo. Tuvo que crear un guardarropa que funcionara de manera creíble en Broadway, pero también que fuera cinematográfico y resaltara de su atuendo cotidiano.

“Si bien Carver escribió la historia a principios de los ‘80, me pareció que era mejor echar hacia atrás un poco más el guardarropa de la obra. Me pareció que los ‘50 estaría bien porque los ‘70 y ‘80 están muy cerca de lo que usamos en la actualidad. Y después tuve que considerar las telas que íbamos a utilizar por la naturaleza del cine. La cámara ve de manera distinta de lo que ve el ojo real; ve en dos dimensiones mientras que el ojo no, así que la textura y la profundidad de algunas telas son más evidentes en escena que en el cine. Aprendí eso cuando empecé a moverme entre el teatro y el cine. En este último, los detalles que funcionan para un primer plano, por ejemplo, no funcionan para la décima fila en el teatro. En términos de color, podía ir un poco más allá. A Chivo no le gustan los colores primarios, así que estaba consciente de la utilización de tonos más oscuros para la obra que los que usaba para el guardarropa tras bambalinas”, indica Wolsky.

Wolsky cree que su trabajo en ALL THAT JAZZ, una influyente película que también explora el mundo de Broadway y Hollywood, y la ambivalencia entre ambos, así como la naturaleza del arte y el comercio, intrigó a Iñárritu. “La primera cosa que platicamos fue de ALL THAT JAZZ. Esa película parece tener mucha influencia en los directores. En mi caso, trabajo a partir del material, pero tu propia experiencia desde luego se convierte en una influencia y después de un rato es difícil decir de dónde proviene algo porque ya es parte de tu ADN”, comenta Wolsky.

Wolsky no diseñó una pieza específica del guardarropa —el auténtico traje de Birdman. Esa responsabilidad recayó en Mike Elizalde, quien ayudó a darle vida a Birdman. El realizador Guillermo del Toro le recomendó Elizalde a Iñárritu. “Estaba fascinado porque llevo muchos años siendo un gran admirador de Alejandro. Es un realizador brillante y es una oportunidad rara para alguien que se dedica a efectos de criaturas y prótesis de trabajar con alguien que hace las películas que Alejandro hace. Para mí fue muy claro que Alejandro sabía exactamente lo que quería, que siempre hace nuestro trabajo más fácil”, comenta Elizalde.

La apariencia y estilo de Birdman comenzó con la primera lectura de guión de Elizalde y era evidente que Birdman iba a ser totalmente distinta a cualquier otra entidad que Elizalde había creado.

“Es el alter ego de Riggan y entendí la importancia de este personaje y del lugar tan profundo que ocupa en la consciencia de Riggan. Birdman lo llevó a la fama y quizás fue una maldición, ya que lo encasilló como este superhéroe. Así que para nosotros tenía muchas capas. Por lo general, cuando diseñamos una criatura sabemos exactamente qué es. Es un espíritu maligno. Un hombre lobo. Sea lo que sea, pero Birdman era mucho más que eso. Es un símbolo psicológico del pasado de este hombre, la cosa que lo aterriza, pero que también podría destruirlo, y que quizás y LO destruyó en cierto nivel. Fue un reto estupendo”, explica Elizalde.

Elizalde explica que el diseño fue un esfuerzo colaborativo entre Iñárritu, Keaton y Elizalde y su equipo.

“Alejandro, adrede, quería que conserváramos lo que para nosotros era familiar de Michael cuando interpretó a Batman. Así que partes de su rostro están expuestas de la misma forma y proximidad a Batman. También nos mostró imágenes de la espalda de un buitre —que tiene estos bellos hombros y muchas plumas azules ásperas e iridiscentes. Se nos ocurrió una apariencia básica de pies a cabeza —algunas áreas con más texturas que otras, un esquema de color oscuro para reflejar su psicología, elementos de grandiosidad como su gran y dorada hebilla del cinturón, para enfatizar su ego. Como si Birdman fuera este tipo impresionante de personaje que era la antítesis de lo que se convirtió Riggan como actor. También se nos ocurrió un rostro parecido al de un halcón, con alas impresionantes y una silueta elegante y moderna, que también tuviera un elemento exagerado”, explica Elizalde.

Elizalde y su equipo construyeron el traje y los moldes con Keaton, al usar telas patentadas especiales. Este traje de Birdman hecho a la medida le quedó de manera perfecta y estaba lo suficientemente ligero para permitirle actuar en él. Recibimos un gran elogio de su parte cuando nos dijo, ‘En éste sí me puedo mover’. Así que a un nivel práctico, me parece que entregamos algo en lo que fue capaz de actuar de manera más libre y, así, conservar algo de la estética de su personaje”, comenta Elizalde.

A los editores Stephen Mirrione y Douglas Crise se les encargó conjuntar todos estos elementos distintivos sin arruinar las líneas elegantes y continuas de la cinematografía. Ambos han trabajado juntos con Iñárritu en previos filmes, y Mirrione entendió cuán importante era la edición para esta película.

“Durante la producción, Alejandro me dijo en muchas ocasiones, ‘Ahora tengo que pensar en todo. En otras películas, podía solucionarlo en el cuarto de edición…’”, comenta Crise.

“‘Pero en esta ocasión, sé que tengo que acertar ahora’”, añade Mirrione. “Estaba constantemente preocupado por eso. No hay cuestión alguna de que la razón por la cual lo lograron es debido a que los actores llegaron increíblemente preparados”.

Al igual que los actores y, en realidad, todos en el equipo de producción, los metódicos ensayos se convirtieron en la base de su edición.

“Antes de que las cámaras comenzaran a rodar, teníamos un montaje hecho del material en video de los ensayos, y algo que se grabó en la lectura de mesa, para que junto con Alejandro pudiéramos comenzar una estimación de cómo se iba a ver y sonar el filme, dónde una conversación se volvía redundante, dónde se iban a llevar a cabo los movimientos. Así que fuimos capaces de comenzar desde muy temprano el proceso”, comenta Mirrione.

Los editores también tuvieron un compañero muy capaz en el equipo de efectos visuales, que contribuyó de manera orgánica a los singulares cortes en Birdman. Adiciones alegres y creativas sucedieron como resultado de esta colaboración.

Como en todo filme, los editores utilizaron tanto sus oídos como sus ojos, pero debido a la precisión de las tomas, tenían que ser extremadamente atentos en sus elecciones auditivas. Si bien la naturaleza sin interrupciones de BIRDMAN O (LA INESPERADA VIRTUD DE LA IGNORANCIA) podrá hacer que se vea y suene fácilmente fluida, el montaje real, como todo lo demás en el filme, fue meticulosamente manufacturado. “La gran diferencia con este filme fue que no tenemos los lugares convencionales donde una escena empieza y otra termina. Cada escena se concatena con la siguiente. Alejandro lo describió como ir bajando por una montaña y no parar. En realidad, no hubo una transición; los personajes no dejaban de moverse”, comenta Crise.

“Me parece que pronosticamos muchos de los potenciales obstáculos y en realidad nos preparamos muy bien, pero lo que sí no planeamos fueron todos los cambios de velocidad”, añade Mirrione. “En ciertos puntos, cuando la escena no nos estaba funcionando, si el ritmo no cuadraba, lo podíamos acelerar un poco o alentarlo según se necesitase, sin que fuera perceptible para la audiencia, y eso hizo una gran diferencia”.

Y resultó, además, que Mirrione y Crise también aplicaron síncopa y ritmo de otra manera —trabajaron de manera estrecha con Iñárritu y el diseñador de sonido Martín Hernández en un insistente estribillo de percusiones que, al igual que Birdman, acompañaba a Riggan dondequiera que fuera. El proceso comenzó durante la producción, cuando Crise se juntó con Iñárritu para hacer un primer repaso con los editores.

“Al momento de editar puedes alterar el ritmo y la velocidad. No contar con esa herramienta en una comedia puede ser extremadamente retador. Así que me pareció que tambores como banda sonora principal le darían al filme no sólo una buena vibra, sino también la posibilidad de ayudarme a encontrar el ritmo que necesitaba. El baterista mexicano Antonio Sánchez, uno de los mejores del mundo, y yo, rentamos un estudio una semana antes de que comenzara a rodar y grabó e improvisó sesenta pistas basadas en algunos objetivos y emociones que el filme necesitaba. Eso me ayudó enormemente y, en ocasiones, incluso lo utilicé en escena para que los actores entendieran el ritmo de la escena. El ritmo lo es todo en el cine”, comenta Iñárritu.

“Alejandro tenía todas estas grabaciones de batería y me dijo que escogiera mis seis favoritas. Las juntamos todas para que pudiera tener una pista que el baterista pudiera imitar cuando rodaran esa escena. Tenía la idea para el soundtrack desde el mero principio y también agregamos esas muestras desde el inicio”, comenta Crise.

“Y después Martín lo llevó a otro nivel. Una vez que le dimos una primera pasada a la película, con muchas de esas pistas colocadas como borrador, pasó mucho tiempo trabajando con Alejandro para quitarle capas, añadir otras, e intentar muchos ritmos distintos. Obviamente, en cada película, la música tendrá un impacto en el punto de vista, humor y tono. Pero en este caso me parece que es de especial importancia, porque el ritmo está vinculado de manera muy estrecha con la cámara, y no puedes hacer ese tipo de ajustes en las cadencias con tanta flexibilidad como lo puedes hacer con los cortes. En ocasiones, tuvimos que recaer en la música un poco más de lo normal, retraernos o avanzar”, comenta Mirrione.

El ritmo de la batería unido al fluir de la cámara atada al viaje de Riggan hacia el autodescubrimiento y la reflexión artística no fueron meros artilugios, sino más bien indicadores del espíritu del filme.

“Me parece que esta narrativa es parecida a la magia. Al implementar una toma continua mi esperanza fue realmente poner a las audiencias justo en el punto de vista de mi personaje. Que realmente vivan a través de Riggan y su mente, que se pongan en sus zapatos. Con un continuo flujo de emoción y, al igual que Riggan, imposible de escaparse. Para que entiendan su desesperación mientras camina por esas paredes y a través de los pasillos. Porque a final de cuentas, nuestra vida es sólo una toma continua. Nos despertamos en la mañana y después estamos todo el día con una especie de Steadicam que flota con nosotros; no escapamos, no cortamos a otra realidad. Estamos atrapados en nuestra propia realidad. Esa es la manera en la que experimentamos la vida, así que también quería experimentar el mundo de Riggan de esa manera. No solamente es una cuestión visual. Quería tener una narrativa emocional con una tensión y sentido dramáticos. Espero que haya funcionado”, dice a resumidas cuentas Iñárritu.

 

“Mire, vuestra merced”, respondió Sancho, “que aquellos que ahí se parecen no son

gigantes, sino molinos de viento, y los que en ellos parecen brazos, son aspas, que,

volteadas del viento hacen andar la piedra del molino”.

 

“Bien parece”, respondió don Quijote, “que no estás cursado en esto de las aventuras”.

 – Don Quijote, de Miguel de Cervantes